El Tau del mundo judío

 

 

El Tau fue adoptado muy pronto por los cristianos por dos razones. Ese símbolo era la última letra del alfabeto judío y una profecía del último día de la Tierra. Tenía la misma función que la letra griega Omega, como se lee en el Apocalipsis de San Juan: «Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Para la sed les daré agua de la fuente de la vida… Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin»(Ap 21,6; 22,13). En segundo lugar, los cristianos vieron este signo como presagio de la cruz de Cristo como el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento, porque era el medio por el cual Cristo transformó la desobediencia de Adán y se convirtió en nuestro Salvador como «nuevo Adán”.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *